Gender Equality, Políticas de seguridad, Violencia/Violence/Violência

La perspectiva de género en seguridad

Escrito por: Lucía Morale, consultora en políticas públicas de seguridad, género y derechos humanos. @lumorale

#PolíticasPúblicas #Mujeres #Policía #Género #ViolenciaDeGénero

Introducción

A pesar de los avances conseguidos, la igualdad efectiva entre hombres y mujeres está todavía muy lejos. Las desigualdades estructurales están a la orden del día en todos los ámbitos y las políticas públicas están aún lejos de ser equitativas.

En términos generales, los datos expresan que en el mundo las mujeres ganamos por nuestro trabajo un 20% menos que los hombres, dos tercios de  las 733 millones de personas no alfabetizadas en el mundo son mujeres, ocupamos tres veces más tiempo que los hombres en tareas de cuidado y el 84% de los hogares monoparentales, son en realidad monomarentales. También las mujeres seguimos ocupando menos espacios en el ámbito público, aunque las diferencias entre países son sustanciales, en el promedio mundial solo un 24% de mujeres ocupan cargos parlamentarios y las Jefas de Estado no superan el 6%.

Las violencias machistas afectan a más de la mitad de las mujeres del mundo. Aunque hay deficiencias en la recogida oficial de datos, las encuestas a mujeres y el trabajo de las organizaciones sociales nos ayudan a hacernos una idea de la magnitud de esta violencia.

A nivel Europeo una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual en su vida, y esta cifra se repite en España. Las cifras son aún más graves si se incluyen otros tipos de violencia. Por ejemplo la encuesta Catalana sobre violencias machistas o el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe muestran que dos de cada tres mujeres han sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida.

Por otra parte, si miramos las mujeres trabajadoras en el ámbito de la seguridad vemos que su presencia es aún muy baja en muchos lugares. En España el promedio de mujeres en las policías es del 10% y la media europea no supera el 17%. En América Latina la situación es similar y si bien hay variaciones sustanciales entre diferentes cuerpos de seguridad, el promedio de la región apenas supera el 13%[i]. Estos datos son mucho menores si se miran las jerarquías superiores o los cuerpos de extinción de incendios donde raramente superan el 1 o 2%. 

La perspectiva de género

La visión mayoritaria del mundo es androcéntrica, es decir que coloca al hombre –varón típico- como centro y modelo de “ser humano medio”. Esta visión esta naturalizada de tal manera que invisibiliza diversidades de las que muchas veces no somos conscientes.

Que el hombre sea el modelo de ser humano impacta en toda nuestra vida. Desde cuestiones menos relevantes como el tamaño de los teléfonos móviles, las teclas de los pianos o la temperatura a la que se coloca el aire acondicionado en las oficinas, hasta otras de mucho mayor impacto como las pruebas sobre nuevos medicamentos o la construcción de elementos de seguridad[ii].


Tener perspectiva de género quiere decir reconocer y cuestionar la existencia de las desigualdades, así como de los sistemas y normas sociales patriarcales que las crean, reproducen y mantienen.

Incorporar la perspectiva de género a las políticas públicas implica por tanto, reconocer las desigualdades preexistentes e implementar acciones para revertir y evitar las situaciones de marginación, violencia e injusticia que generan.


Situaciones de la vida cotidiana, a priori insignificantes, como por ejemplo las colas en los aseos públicos responden también a esta falta de mirada de género. Por norma se asigna, en general, el mismo espacio a baños para hombres que para mujeres. Sin embargo, por diferentes motivos (las mujeres constituyen la mayoría de la población mundial de edad avanzada, tienen mayores posibilidades de ir acompañadas de niñes, están embarazadas, o con el periodo menstrual, etc.) las mujeres necesitan 2,3 veces más tiempo que los hombres en usar un baño[iii] por lo que lo equitativo sería que esta diferencia se tuviera en cuenta al momento de su construcción.

Como tenemos tan naturalizado un mundo para hombres, tener perspectiva de género no es habitual, e incluso decisiones que pueden parecer equitativas no lo son.

En el ámbito de la seguridad viaria las mujeres tienen un 47% más de posibilidades de sufrir lesiones graves y un 71% más de lesiones moderadas que los hombres. Esto en parte puede explicarse porque para medir la seguridad de los coches se realizan pruebas con maniquís basados en el cuerpo del hombre promedio -más alto y pesado que una mujer-. Si bien ya se han desarrollado modelos acordes al cuerpo de las mujeres, hasta el año 2011 en Estados Unidos no era obligatorio utilizarlo y en la Unión Europea, donde los coches deben pasar 5 pruebas para poder salir a la venta en ninguna es obligatoria el uso de un maniquí femenino. Además, debido a que la ergonomía de los coches se basa en cuerpos masculinos, las mujeres que en promedio somos más bajas que los hombres, adoptamos una postura más echada hacia adelante para acercarnos demasiado al volante y eso incrementa el riesgo de lesiones ante una colisión[iv].

Por otra parte, en ámbitos laborales altamente masculinizados como los de seguridad y emergencias, los uniformes y piezas de seguridad como arneses, chalecos antibala o herramientas de trabajo suelen también ser diseñadas para el cuerpo de los hombres. Y muchas veces la solución que se da a las mujeres es comprar el de hombre en talla más pequeña, siendo totalmente inadecuado para ellas y complicando su desempeño, comodidad y seguridad a la hora de realizar el trabajo. 

Por supuesto no todas las mujeres ni todos los hombres son iguales, y en este sentido otras diferencias como condición económica, origen, edad, capacidades, etc., también deben ser tenidas en cuenta, es lo que se denomina perspectiva interseccional.

Perspectiva de género en las políticas de seguridad

Para incorporar la perspectiva de género, el primer paso será reconocer que ninguna política es neutral al género. Y que, si no se hace un esfuerzo por incorporar esta mirada, acabaran omitiendo o afectando negativamente a las mujeres.

A la par, es necesario traer a la agenda pública los problemas que han sido dejados de lado durante años y que afectan principalmente a las mujeres, como son las violencias por razón de género.

Es necesario que la mirada de género este presente en todas las fases de las políticas: el diagnóstico, el diseño, la implementación y la evaluación.

Para esto, una gran limitación es la necesidad de datos. Para poder tener en cuenta las diferencias debemos tener datos desagregados y esto es aún un tema bastante pendiente en muchos ámbitos de la administración.

Por último, una condición necesaria, aunque no suficiente, es garantizar la participación de las mujeres en todos los procesos de participación y decisión de políticas públicas.

La incorporación de la perspectiva de género en las políticas de seguridad implicará trabajar por un lado una mirada hacia la ciudadanía y por otro una revisión de las estructuras y condiciones internas de los cuerpos y fuerzas de seguridad.

La mirada hacia la ciudadanía

Como señalabamos, el primer paso será analizar cómo el problema que estamos valorando afecta de manera diferencial a hombres y mujeres y cómo afectaría, también de manera diferencial, la solución que se propone.

Para llevarlo a un ejemplo concreto cuando se decretó el confinamiento domiciliario por causa de la pandemia en muchos de los países, se limitó la circulación a las personas salvo las que realizaban tareas esenciales.

En España, se instaló un sistema de control policial sobre las personas que incumplieran estas limitaciones podían se multadas y se requería un certificado de la parte empleadora para probar que la persona desarrollaba una actividad esencial. Entre las tareas esenciales se incluyeron las de cuidado domiciliario de personas. Sin embargo, la mayoría de estas tareas son realizadas en condiciones no regulares y por tanto las empleadoras no estaban dispuestas a firmar documentos que dejaran en evidencia esta irregularidad. Así, las personas trabajadoras de este ámbito, que son casi en un 100% mujeres, estaban expuestas a multas por no poder justificar sus desplazamientos. Al advertir esta situación la Guardia Urbana de Barcelona creo un formulario alternativo que consistía en una declaración responsable firmada por la propia trabajadora en la que declaraba que realizaba trabajos de cuidado o atención de personas y así se evitaba este riesgo de sanción.

Otros ejemplos bastante frecuentes en el ámbito de la seguridad son el urbanismo con mirada de género, que garantiza la participación de mujeres en el diseño urbano para atender las diferencias de percepción de seguridad o los mecanismos de respuesta a las agresiones en el transporte público o el ocio nocturno que implican la formación y protocolos de actuación del personal policial para responder ante estas situaciones concretas.

En las políticas de drogas desde hace años se analiza si los planes tienen en cuenta esta perspectiva, sin embargo, aún hay bastante por mejorar[v].  

La seguridad viaria también debe enfocarse con mirada de género, ya que las conductas de movilidad, las conductas infractoras y las afectaciones de los siniestros de tránsito no son neutrales al género. Por ejemplo, las mujeres se mueven más a pie, hacen trayectos más cortos, y tienen conductas de menor riesgo que los hombres.

En otros ámbitos como la violencia policial la cuestión de género está también presente, como se observa con las cientos de denuncias por violencia sexual contra los carabineros en Chile en sus intervenciones ante las manifestaciones de 2019, que incluyen desde humillaciones, hasta tocamientos y agresiones graves durante allanamientos y detenciones.

Las políticas internas de igualdad en los cuerpos y fuerzas de seguridad

No se puede hablar de seguridad con perspectiva de género si no se implementan políticas tendientes a garantizar la igualdad dentro de las organizaciones de seguridad.

Las profesiones policiales y de emergencias están aún muy asociadas a valores masculinos, tienen en general una cultura muy androcéntrica y en muchos casos también se perciben como ambientes hostiles para las mujeres. Esto incide tanto en la cantidad de mujeres que integran estas profesiones, así como en sus condiciones de trabajo.

Las políticas de igualdad deben incluir medidas para incrementar la representación de las mujeres en las plantillas, garantizar que los procesos de selección no tengan sesgos que puedan favorecer a los hombres, y esto implica compensar con acciones positivas las desigualdades estructurales previas que inciden en que las mujeres tengan menos acceso a este tipo de profesiones.

Además, habrá que garantizar que las infraestructuras y los equipamientos sean adecuados para las mujeres. Así como evitar la segregación vertical -menos presencia de mujeres en puestos superiores- y horizontal – segregación de tareas o áreas para mujeres como policía comunitaria versus otras de hombres como investigación o grupos especiales de intervención-.

Otro elemento clave es garantizar un ambiente de trabajo libre de acoso laboral y sexual. Con medidas de sensibilización y concientización, pero también con protocolos de denuncia y gestión interna de los incidentes que puedan sucederse. Un ejemplo pueden ser los Centros Integrales de Género en Argentina.

Por último, será clave acompañar los cambios con una formación con perspectiva de género.

El riesgo de transversalidad

La perspectiva de género debe ser transversal en las políticas públicas, es decir estar presente en todos los procesos y acciones. Pero advertimos que esta expectativa de lo transversal tiene el riesgo de diluir su contenido, es decir de acabar siendo algo que como está en todos lados no está en ninguno.

Muchas veces las resistencias dentro de las organizaciones a hablar y a afrontar abiertamente estos temas generan que, a fin de cumplir con los estándares o requerimientos externos, se contemple la perspectiva de género como un elemento transversal y así, en la práctica, se obvia generar espacios de debate específicos, formaciones y líneas de trabajo que lo pongan realmente sobre la mesa.

La mirada de género no es algo que tengamos incorporado, ni hombres ni mujeres, por eso, si lo dejamos al azar, o lo incorporamos en términos genéricos lo que seguramente pasará es que no habrá una incorporación real de esta perspectiva.

Síntesis final  

La incorporación de perspectiva de género tiene por objetivo lograr una sociedad más igualitaria, neutralizando y revirtiendo las desigualdades estructurales e históricas sobre las que están construidas nuestras instituciones, acciones y políticas públicas.

Requiere por tanto reconocer, analizar y criticar esas desigualdades y valorar estas diferencias en todo el ciclo de la política pública.

No es posible lograr la perspectiva de género sin hacer partícipe a las mujeres de los procesos de conocimiento y decisión, aunque no es un elemento por si suficiente para considerar incorporada la perspectiva de género. La revisión e incorporación de la mirada de género debe abarcar tanto las políticas públicas destinadas a la ciudadanía como internamente en las organizaciones y debe basarse sobre datos concretos, generando acciones, indicadores y resultados concretos vinculados a esta mirada de forma tal que no quede de manera genérica o enunciativa.


[i] Donadio Marcela y Mazzotta Cecilia Coord. La mujer en las instituciones armadas y policiales. RESDAL. 2009. Disponible en https://www.resdal.org/genero-y-paz/ebook/Libro-mujer-RESDAL.pdf y Kevin Casas, Paola González y Liliana Mesías. Transformación policial para el 2030 en America Latina. BID 2018. Disponible en: https://www.thedialogue.org/wp-content/uploads/2018/11/KCasas_TransformacionPolicial_FINAL.pdf

[ii] Para un análisis detallado consultar la investigación de Criado Pérez Caroline, La Mujer Invisible.2019. Seix Barral.

[iii] Ibíd P.78-79

[iv] Ibíd P. 260-261.

[v] Como ejemplos puede consultarse para España el Diagnóstico y recomendaciones elaborado por la fundación Atenea. Disponible en https://fundacionatenea.org/OLD/wp-content/uploads/2016/03/perspectiva_genero_drogas_2015.pdf y para América Latina el documento “Políticas sobre drogas y perspectiva de género en las Américas: Hallazgos de los informes nacionales de la séptima ronda del Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM)” Preparado por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, disponible en http://www.cicad.oas.org/mem/Reports/7/Full_Eval/MEM-Gender_Report-ESP.pdf


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